Publicado em Abril - 06 - 2010

Desechando Lo Desechable - Marciano Durán

O texto abaixo é adequado aos acumuladores compulsivos de tralhas (entre os quais me incluo); também é bem apropriado para a época em que vivemos, este “mundo líquido” em que coisas, relacionamentos e pessoas ficam obsoletos rapidamente e são trocados pelas últimas novidades, nem sempre necessárias…

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Há alguns dias*, vi este texto em uma lista, e gostei muito; afinal, como acumuladora de tralhas compulsiva, identifiquei-me imediatamente com o autor.

Contudo, o texto era dado como de Eduardo Galeano, e tinha o título de ” Por qué todavía no me compré un DVD”. Depois de algumas discussões na lista acerca da autoria deste e de outros textos (por exemplo, um que é atribuído a Shakespeare e outro, atribuído a Borges, ambos incorretamente), uma amiga tradutora (Lota) disse que encontrou, em um blog, a explicação sobre a autoria.

O autor do texto é o escritor uruguaio Marciano Durán, que em seu blog explica a confusão toda a respeito da autoria, e diz que não se importa em não ser creditado como autor do texto, apenas não gostaria que este fosse modificado, pois o importante é a mensagem.

Portanto, estou reproduzindo a seguir o texto original, com o final e o título corretos. Boa leitura!!

*(artigo originalmente publicado em 19/10/2007, no antigo blog Rato de Biblioteca)

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Desechando lo desechable

Marciano Durán


Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!

Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad.

¡Nooo! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto.

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades. ¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plástica de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de acero inoxidable en el cajón de los cubiertos!

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida. ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.

¡Nos están fastidiando! ¡¡Yo los descubrí. Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. Lo obsoleto es de fábrica.

¿Dónde están los zapateros arreglando las medias suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa?
¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?

Todo se tira, todo se desecha y mientras tanto producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de 50 años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII). No existía el plástico ni el nylon.

La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban.

De por ahí vengo yo. Y no es que haya sido mejor.
Es que no es fácil para un pobre tipo al que educaron en el ‘guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo’ pasarse al ‘compre y tire que ya se viene el modelo nuevo’.

Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que además cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo)

Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo.
Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar(porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto.

Y guardábamos. ¡¡Como guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!!
¡Guardábamos las chapitas de los refrescos! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos!

Las cosas que usábamos: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus.

Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón.

Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Tubitos de plástico sin la tinta, tubitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor.

Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraban al terminar su ciclo, inventábamos la recarga de los encendedores descartables.

Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.
¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa. Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.

Las cosas no eran desechables. Eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver!!. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne!

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque para hacer cuadros y los cuentagotas de los remedios por si algún medicamento no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos. Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posa-mates y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía ‘este es un 4 de bastos’.

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa (broches) y el ganchito de metal. Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.

Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden ‘matarlos’ apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada. Ni a Walt Disney.

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: ‘Cómase el helado y después tire la copita’, nosotros dijimos que sí, pero, ¡minga que la íbamos a tirar! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas.

Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico se tansformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella.

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos.
Ah¡ No lo voy a hacer!
Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable.
Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas.

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero.
No lo voy a hacer.
No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne.

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour.

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares.

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano y sea yo el entregado.

Y yo no me entrego.

Publicado em Janeiro - 12 - 2010

E se eu estivesse na Wikipedia…

Recebi (pelo Twitter) um desafio do Henderson Bariani, escritor e autor do blog Depokafé. O desafio lançado a diversos blogueiros amigos foi o de escrever um texto nos moldes deste texto. Desafio aceito, e aqui está meu “verbete” na Wikipedia:

Cristine Martin

Origem: Wikipedia, a enciclopédia livre

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Cristine Martin (07 de maio de 196407 de maio de 2054) foi uma escritora, tradutora e artesã brasileira, com diversos romances publicados. Ela foi a segunda brasileira a receber o prêmio Nobel.

Biografia

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Nascida em Mogi das Cruzes - SP, Cristine mostrou desde cedo o interesse pelos livros; passava horas na biblioteca da escola, lendo avidamente, o que lhe valeu  a alcunha de “Rato de Biblioteca”. Durante a adolescência seus interesses incluíam, além dos livros, música e as artes manuais. Autodidata, ela experimentou diversas técnicas de artesanato e artes gráficas, mostrando especial interesse pelo desenho e crochê. Escritora prolífica de textos que não mostrava a ninguém, ao final do curso universitário decide queimar toda sua produção literária em uma grande fogueira.

Graduou-se em Nutrição na UMC, mas não chegou a exercer a profissão. Durante alguns anos dedicou-se exclusivamente ao marido e às filhas, enquanto fazia trabalhos artesanais por hobby, além de cultivar extensas leituras e traduzir livros e artigos. Começa a confeccionar bolsas artesanais para si e para presentear as amigas, e com o sucesso obtido inicia uma nova griffe de bolsas artesanais de crochê e tecido[1]. Como sempre, trabalha sozinha.

Pouco antes da virada do milênio, começou a dedicar-se em tempo integral à tradução. Foi considerada uma excelente tradutora técnica e de legendagem, tendo feito a legendagem de diversos clássicos contemporâneos do cinema, como Avatar 3, Superman 7 - a saga continua e o vencedor do Oscar de 2012, Um lírio para Shoshanna.

Nessa mesma época cria e mantém dois blogs[2], além de colaborar esporadicamente com textos de sua autoria para diversos sites de literatura e jornalismo. Adepta fervorosa da Internet, participa de grupos de discussão, listas de tradutores e de artesãos, além do Twitter e do MSN.

Após vários anos de trabalho exaustivo com traduções, literatura e os blogs, além do trabalho artesanal reconhecido por todo o Brasil, Cristine Martin sofre um infarto aos 50 anos, felizmente sem sequelas.

O incidente resultou em uma mudança radical em seu estilo de vida; conforme confidenciou à sua amiga Norma, “a vida é muito curta para se passar trabalhando 16 horas por dia”.

Ela reduziu drasticamente suas atividades em todos os setores, mantendo apenas o blog Rato de Biblioteca (”que mantém minha sanidade mental”, como disse em uma rara entrevista à revista Letras & Cia[3]) e trabalhos esporádicos de tradução para clientes antigos e fiéis.

Em 2016 muda-se com o marido para Guararema, cidadezinha no interior de São Paulo, onde vive até o final da vida. Nessa época recomeça a escrever, “sentada à sombra das laranjeiras com meu laptop”. Adota o vegetarianismo e faz longas caminhadas diárias.

Seu primeiro livro, o romance autobiográfico À sombra da laranjeira sentei-me e sorri“  teve excelente aceitação de público e crítica. Entretanto, a autora não concordou em participar de noites de autógrafos, fato que se repetiu no lançamento de seus próximos livros.

Cristine Martin obteve dessa forma a fama de excelente escritora e “velhota excêntrica”, recusando-se a participar de entrevistas na TV, e raramente concedendo entrevistas pela Internet ou na mídia escrita. Com o tempo, suas excentricidades foram aceitas pelo público, que sempre podia trocar ideias com a autora por e-mail ou no Twitter, hábito que nunca abandonou, até a desativação da rede social em 2030.

Quase no final da vida, a escritora recebeu o Prêmio Nobel de Literatura de 2051 pelo seu livro “Aldeias Mortas“, sendo o segundo Nobel concedido a um brasileiro, e o primeiro de literatura (o primeiro brasileiro a receber o prêmio foi  Luciana Naomi Hikawa, que recebeu o Nobel de Medicina de 2020). Como já era esperado, Cristine não compareceu em Estocolmo para receber o prêmio[4].

Em 2064, no dia do seu aniversário de 90 anos, Cristine Martin morre de causas naturais em seu sítio, cercada pela família, seus 10 cachorros e 5 gatos. Conforme seu pedido, ela foi cremada e suas cinzas espalhadas pelos jardins de sua casa.

Após sua morte, os direitos de filmagem de seu romance ganhador do Nobel, “Aldeias Mortas”, foram comprados pelo famoso cineasta norte-americano Max Spielberg; o início das filmagens está previsto para 2066.

Referências

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(1) Terracota Bolsas

(2) Terracota Blog e Rato de Biblioteca

(3) Letras & Cia, “Uma autora excêntrica”, edição de julho de 2022

(4) Estadão, “Entrevista exclusiva com ganhadora do primeiro Nobel de literatura brasileiro”, (página da notícia visitada em 13/11/2051)

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Adorei soltar a criatividade! Agora veja também outros brasileiros ilustres na Wikipedia:

Luciana Naomi Hikawa, ganhadora do Nobel de Medicina

Henderson Bariani. o culpado disso tudo

Deborah S Capella, outra escritora famosa

Frank Toogood, escritor e criativo

Publicado em Dezembro - 24 - 2009

Natalício - crônica de Hila Flávia

(texto de autoria da escritora Hila Flávia, publicado no Alma Carioca em 13/12/2009)

Gostei tanto deste texto da Hila Flávia que o escolhi como mensagem de Natal para o blog; desejo a todos os amigos um Natal muito feliz, com muitos bons momentos e que o ano de 2010 nos traga aquilo que precisamos, algumas coisas que queremos e muita energia para continuar nosso caminho e fazer novas realizações.

A Virgem, o Menino Jesus e Santa Ana - Leonardo da Vinci

Natalício

Hila Flávia

Brilhou na árvore um vagalume. Não estava preso nos galhos. Apenasmente se encostou um pouco para iluminar. Depois veio outro; e depois outro; e mais um. Num instante mágico pequenas luzes piscavam, de alto a baixo.
E o menino sorriu.
Um sorriso de puro encantamento.
Afinal, era seu aniversário. Não sabia bem porque era ainda um menino, já que, para usar de franqueza, ele fazia mais de dois milênios. A única diferença que tinha dos bebês era que sabia sorrir. Um sorriso consciente, por algo. Os pequeninos até sorriem, mas o motivo é uma barriguinha cheia ou um ataque de extremo bem-estar.
O menino, não. Sorria e sabia porque sorria. Sabia sorrir.
E eu via aquele menino sorrindo. Não queria ter a presunção tamanha de dizer que ele sorriu para mim. Poderia ter sorrido de mim. Os meninos sempre riem de mim, ou para mim, sei lá.
Mas, pensando bem, vou ser presunçosa e afirmar que o menino sorriu para mim.
Então fiquei pensando: como é difícil viver um dia de aniversário em que o aniversariante adota como tema a singeleza.
É a mesma coisa de um adulto que tem loucura por um dia de sol e detesta se deitar tarde, e os amigos lhe oferecem uma noite inteira da maior barulheira.
Dá vontade de gritar!
Só quem não quer ver e não quer ouvir e não quer perceber é que não vê, não ouve e não percebe que ele quer paz.
E o que lhe oferecem?
Algazarra, loucuras, comilança, bebedeira, obrigações cumpridas de procurar parentes que não se procura o ano inteiro, votos formais, presentes acima das posses e abaixo das expectativas, confusão, correria, mau-humor, brigas, descontentamentos, desilusões, violências de toda ordem, enfim, uma festa de aniversário tendo por base um enorme fingimento, uma incomensurável hipocrisia.
Menino, perdão!
A experiência de vida vai dando à gente noção exata das coisas e a medida certa das ações. E sabemos, com o tempo, que o vazio que sente o ser humano, após uma busca frenética, vem do simples fato de que não foi preenchido o que ele tem de mais sublime, de mais doce, de mais delicado: O AFETO.
Percebemos que cada pessoa do mundo é um mundo inteiro.
E em cada coração cabe todo o universo e toda a solidão. E também todo o amor. E toda a esperança. É sozinho que o ser humano resolve ser ou não feliz. É decisão dele, pessoal, intransferível. Ninguém pode decidir por outro a felicidade e ninguém tem, realmente, o poder de tirá-la de ninguém, se a pessoa não quer perdê-la.
No seu aniversário, menino, compreendo, todo ano, porque você não fica velho: porque a esperança é eterna. É tão nova que renasce a cada dia, não somente a cada ano. Esse simbolismo de ano novo é só um lembrete.é só uma comemoração. O que realmente se comemora é o nascer de cada dia, é a estrela luminosa, é a lua, é o sol, são as águas, os pássaros, as cores e os sons. O que realmente se comemora é o AMOR, é a VIDA.
Quer presente melhor?
Ofereço-lhe, menino, de presente, a minha vida, a minha alegria, meu trabalho, minha lida. Meu imenso amor por você.
E não faço isto por bondade não. Ofereço-lhe o que recebi de graça.
E foi me sentindo assim, tão pequena e tão grande, tão cheia de ternura no coração, que me tornei um vagalume e me encostei também na árvore que sombreava o lugar do menino. Brilhei, pisquei, voei, dei cambalhotas, fui para lá e para cá, fiz estripulias.
E ele sorriu para mim.
Desta vez, vi mesmo.

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Neste natal, que o MENINO DEUS sorria para você também.
E encha seu coração de PAZ.
São os votos da Hila Flávia.

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E os meus também!

Feliz Natal!

Cristine

Publicado em Julho - 17 - 2009

Os “Pseudo-tímidos”

(crônica publicada em 10/07/2009 no Alma Carioca)

Outro dia li uma crônica de Clarice Lispector sobre os tímidos, que têm vergonha de viver. Ela se classifica entre os tímidos ousados, que apesar de sua incrível timidez são capazes de gestos audaciosos, atiram-se ao desconhecido, voluntariam-se para situações inusitadas e inesperadas.

Não sou tímida. Não sou ousada. E detesto classificações, apesar de adorar a análise e observação dos seres humanos, seu comportamento, suas causas e consequências, a importância do contexto, do ambiente, das pessoas que os cercam e como tudo isso junto explode em uma salada maravilhosa que é um ser humano único e imprevisível.

Há pessoas que são realmente tímidas. Outras, apesar de não o serem, aparentam timidez. Por quê? Arrisco alguns palpites: Por exemplo, é mais fácil “ser tímido”; isso me poupa de muita situação embaraçosa (escrevo na primeira pessoa para facilitar os exemplos, não me classifiquem, por favor). Se sou “oficialmente” tímida, ninguém espera que eu cante na apresentação do colégio, nem que eu me candidate a presidente de qualquer clube, grêmio, associação ou seja lá o que for. Não esperam que eu me destaque em nada, e essa expectativa diminuída a meu respeito me livra de muita ansiedade inútil. Isso não impede que eu me arrisque; se eu tiver sucesso, será uma surpresa para todos, pois ninguém o espera. Portanto, ninguém cobra.

Outra vantagem: dos ousados espera-se grandes atitudes, grandes e fortes opiniões, enquanto que aos tímidos nem se pergunta a opinião, oh, ela vai ficar encabulada, além do que, será que ela tem alguma opinião? Isso me dá a oportunidade de manter minhas opiniões (sim, os pseudo-tímidos têm opinião!) para mim mesma; isso é muito conveniente, especialmente em assuntos espinhosos, lugares de convívio público como o ambiente de trabalho, ou as duas coisas juntas.

Quando uma pessoa “atirada” toma uma atitude de vanguarda, as pessoas pensam: “Lá vai ele de novo!” e observam, esperando o sucesso (Ele teve coragem e se deu bem) ou o fracasso (Quem mandou se meter nisso, eu sabia, não podia mesmo dar certo). Nas primeiras vezes isso choca, mas com o tempo esse tipo de atitude é esperada dessas pessoas. Lembram-se das feministas dos anos 60 e 70? Das primeiras pessoas que resolveram viver de modo diferente? Daqueles que largaram “tudo” e foram trabalhar em outra coisa, ou fazer o que queriam?

Se um pseudo-tímido tomar uma atitude de vanguarda, não se assustem: ele sabe o que está fazendo. Pensou bastante, e decidiu que é exatamente isso o que quer. Diferentemente dos tímidos, que geralmente estão agindo por impulso.

Mas uma coisa é certa: tímidos, ousados, pseudo-tímidos, de qualquer modo que sejamos, na hora de enfrentar o desconhecido é normal sentir aquele friozinho na barriga, afinal, somos humanos; no fim da estrada pode estar o sucesso ou o fracasso, mas com certeza aprenderemos com a experiência. Teremos feito nossas escolhas. E teremos vivido.

Pois duro mesmo é se arrepender de não ter escolhido.

(texto escrito em 2006, e nunca antes publicado)

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